Martes, 31 mayo 2011

Gran Premio de Francia

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Enrique de Vidania

En este viaje, como podréis ir observando, no hay nada de turismo. Es exclusivamente 72 horas de motos

En la primavera del año 2007 y una vez publicado el Calendario de la temporada, comienzo a estudiarlo, para ver cuál es el que mejor se adecúa a mí,  en base a: fechas, presupuestos, días libres del trabajo etc… así que decido que el más apropiado, es el Gran Premio de Francia, que se celebraría en el mítico circuito de Le Mans.

En principio iba a ir solo pero a última hora se apuntó mi hermano pequeño (Fernando), por lo que nos fuimos los dos a las tierras galas.

En este viaje, como podréis ir observando, no hay nada de turismo. Es exclusivamente 72 horas de motos. Así que para los que esperaban algo de turismo por el país  lo siento.
El 18 de mayo aterrizamos en el aeropuerto de Charles de Gaulle, (París) procedentes de  Las Palmas, previa escala en Madrid. En cuanto aterrizamos y una vez recogido el  exiguo equipaje que llevábamos, nos vamos a recoger el coche que,  previamente, habíamos alquilado a  la empresa Hertz (era el más barato), y  teníamos por delante 237 km hasta llegar al circuito.

A pesar de ser viernes al mediodía, la salida de la capital francesa fue más sencillo de lo que pensábamos, y enseguida estábamos en la A-10 que nos llevaría (A-11) directo hasta Le Mans.

Por supuesto, como ya es  costumbre en mis viajes a los Grandes Premios, hicimos una parada en una gasolinera, no solamente para comprar el almuerzo de ese día , sino la compra para todo el fin de semana.

Sobre las 18:00 h, llegamos al circuito, donde nos  dirigimos directamente a la recepción para recoger nuestras entradas que habíamos reservado (web circuito), y aquí empezamos a palpar el ambiente y contemplábamos  con expectación, cómo llegaban grupos de moteros de diferentes rincones de Europa.

 Por la experiencia que habíamos adquirido en  el Gran Premio de Inglaterra, al quedarme en el camping del circuito, descubrí que utilizar esos  espacios, era  lo mejor en los Grandes Premio de Europa, por lo que nos dirigimos directamente al camping del circuito.  Lo bueno era, que podíamos entrar hasta dentro con el coche, (en Mugello sin embargo no puedes), por lo que empezamos a buscar un hueco que estuviese bien ubicado. Encontramos uno entre unos suizos y unos alemanes pero no era suficiente, así que sin nosotros mediar palabra enseguida nos hicieron espacio, siendo esto  un ejemplo del gran ambiente que se vive en este deporte.

Una vez que montamos la tienda de campaña, la comida, la ropa etc.,  estaba anocheciendo, así que nos fuimos a dar una vuelta para ir palpando el ambiente .

La primera impresión que nos llevamos, fue que estaba lleno y que seguía llegando gente, y nos preguntábamos que donde se meterían no solamente los que estábamos ya, sino los que llegarían mañana, la verdad es que, no sé cómo lo hicieron,  pero allí entramos todos.
Así que cogimos nuestras linternas y nos pusimos a observar como algunos moteros “quieren”  a sus motos. Si en Jerez, había comentado la cantidad de gente que”destrozaba” sus monturas, lo que yo he visto en Le Mans no lo he visto en mi vida.

Como era la primera noche y llevamos la paliza del viaje decidimos acostarnos sobre las 12.  No recuerdo a qué hora pudimos dormir a causa del escándalo de la gente, pero mínimo serían las 4 de la mañana.


El sábado por la mañana después de desayunar, nos pusimos en marcha y nos dirigimos a nuestra grada (Tribune Carrefour) para ver los primeros entrenamientos libres del día.

Una vez que finalizaron los tres entrenamientos libres de las tres categorías nos dimos una vuelta por el circuito para reconocerlo, y que al ser llano no tiene mucha dificultad.

Paramos en una carpa en la zona de “bares” para tomarnos unas cañitas y almorzar para proseguir con nuestro paseo.
Después de estar más de 8 horas viendo los entrenamientos y demás, nos fuimos a la zona de las tiendas para hacer las respectivas compras, y cómo no,  la camiseta del Gran Premio no puede faltar.


De camino al camping, vimos una exhibición del acróbata AC Farías que se estaba celebrando en la recta de meta así que nos quedamos a disfrutarla.

El sábado por la noche es la noche grande en el camping. Si ya el viernes había sido impresionante, ese día es increíble el ambiente que se respira y la cantidad de gente con la que te relacionas de otros países, pero todos estábamos allí por una misma afición. Esa noche sí que no conseguimos dormir, nada de nada, a pesar de acostarnos sobre las 2 de la madrugada, la gente no paró de hacer ruido en toda la noche.

Por lo que, a las 7 empezamos a recoger las cosas y asearnos para meterlo todo en el coche y tenerlo listo para  en cuanto terminasen las carreras salir hacia Paris.

El domingo en las carreras pudimos ver en 125cc la primera victoria de Sergio Gadea en su carrera deportiva, además del primer pódium también de su vida, del británico Bradley Smith.

En la categoría de 250 cc vimos la victoria de Jorge Lorenzo, una más de las nueve conseguidos ese mismo año para llevarse su segundo título mundial.

Y En la categoría reina vimos la única victoria que conseguiría en su vida el australiano Chris Vermeulen con la Suzuki, ya que posteriormente se retiró.  Al contrario que todo el fin de semana que tuvimos buen tiempo, durante la carrera de 500cc hubo un poco de lluvia.

Una vez finalizada las carreras a las 15:00, nos pusimos en marcha para volver a Paris, exactamente al hotel que habíamos alquilado al lado del aeropuerto Charles de Gaulle.

Lógicamente como siempre en estos acontecimientos, tuvimos retenciones en la autopista, por lo que paramos en una gasolinera para comprar agua y la casualidad es que nos encontramos a Bradley Smith (piloto de 125cc) como un usuario más y al que  nadie reconocía.

Cuando estábamos en los  alrededores de Paris se nos hizo de noche y aquí fue cuando descubrí que empezaba a tener falta de vista, ya que no veía con nitidez la señalética de la autopista,  por lo que mi hermano tuvo que ir indicando (los años no perdonan).
Mientras que la salida del Paris fue muy sencilla,  la llegada al aeropuerto  nos costó bastante, no sé si fue porque estaba mal señalizado, o porque estábamos cansados o simplemente nos perdimos, pero como no encontrábamos el hotel se nos ocurrió ir al aeropuerto y que Fernando cogiese un taxi y yo lo seguiría, pero el gabacho de turno se negó a llevarlo ya que decía que era muy cerca y no le era rentable,  así que después de decirle todos los tacos en español que en ese momento recordábamos, nos fuimos, y de casualidad llegamos a nuestra destino.

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